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Año de Oración - mayo 7

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Permanecer

Creo que Filipina debe estar muy sorprendida de la admiración e inspiración que ella nos provoca.
Hace años, cuando escuché por primera vez hablar sobre ella, me impactó su deseo de ser misionera. Me llamó la atención de que aún con todo lo que había para hacer en su país, con los grandes desafíos y necesidades de la sociedad de su tiempo, ella mirase más allá de sus propias fronteras y desease llevar el amor del Corazón de Jesús hacia “los confines de la tierra”.

Siempre me ha parecido un gran riesgo, lleno de coraje, el animarse a dejarlo todo para cruzar el inmenso océano, sabiendo que era casi imposible regresar. Admiré su valentía y el deseo profundo que la animaba a embarcarse en ese viaje.

Ahora, años después de ese primer encuentro con su historia, descubro que me apasiona mucho más todo lo que Filipina vivió después: encontrarse con las dificultades concretas de esa tierra nueva a la que llegaba, sufrir la incomprensión de sus propias hermanas, tener que esperar tantos años para poder vivir con los pueblos indígenas, que tanto anhelaba misionar, y, además, no poder aprender su lengua. Y en ese camino lleno de obstáculos, Filipina permaneció arraigada en el amor de Jesús, ese mismo amor que la lanzó a la aventura y que la acompañó en medio del aparente fracaso.

Cuando pienso en cómo ser fieles a nuestro carisma hoy, miro la audacia de Filipina, pero también pido su capacidad de permanecer en medio de las dificultades, de hermanarnos con aquellas realidades que nos hacen tocar nuestros propios límites, de saber abrazar las incomprensiones y desaciertos, porque también allí se nos revela un espacio sagrado donde descubrir y manifestar el amor de Aquél que nos ama y quiere regalarnos vida en abundancia para compartir con todos sus hijos e hijas.

Paula Grillo, RSCJ, Provincia de Argentina – Uruguay
Imagen: Milton Frenzel